sábado, 9 de mayo de 2015

EDUCAR: DESDE EL PENSAMIENTO PARA MODIFICAR LAS ACTITUDES.

Estamos a pocos días de las elecciones en México. Esta temporada produce malestar en la mayoría de los mexicanos y me incluyo. Pero en estos días que estuve en Raleigh, la vida me dio una interesante lección.

He estado en diferentes lugares de los Estados Unidos, promoviendo la Universidad y compartiendo experiencias de vida de los migrantes mexicanos. Y en este viaje estuve observando un fenómeno curioso: el cambio de actitudes de los mexicanos frente a las organizaciones que sostiene la Iglesia Católica y las personas que trabajan ahí y las actitudes frente a los consulados y sus empleados.

Cuando he ido a reuniones en centros comunitarios de origen religioso, se siente un clima diferente. Los mexicanos llegan con actitud abierta y no sólo piden ayuda, sino están dispuestos a apoyar, servir, compartir. Son comprometidos, se ayudan unos con otros, son amables y pacientes, y no importa que el sacerdote llegue un poco tarde o los trabajadores del centro los hagan esperar un poco. Se ofrecen como voluntarios y aportan incluso dinero cuando es necesario. Ahí se sienten en casa, cuidan las cosas, respetan las reglas.

Cuando las reuniones son en el consulado, la actitud de los mexicanos cambia. Llegan de malas, exigiendo ayuda, quejándose de todo, son groseros con quienes los atienden y lo que les dan nunca es suficiente. No cuidan las instalaciones, no respetan las reglas, no muestran empatía.

La gran diferencia está entre la percepción que tenemos los mexicanos de la Iglesia y del Gobierno. Todo lo que huela a gobierno nos produce malestar, incluso vemos a los servidores públicos (sea quien sea) como nuestros empleados, el trato es descortés y sin respeto. Pareciera que nuestras frustraciones por el mal gobierno se manifiestan en un sólo lugar y en el mismo momento.

Lo interesante es que los que trabajan en las oficinas de las arquidiócesis y los que trabajan en las oficinas consulares, son empleados mexicanos que reciben un sueldo y que quieren ayudar a sus compatriotas por igual. Todos tienen familia, tienen necesidades, problemas y sentimientos igual que nosotros. ¿Por qué les damos un trato diferente?

No voy a discutir si el gobierno se ha ganado a pulso o no nuestro desprecio, el punto que quiero decir es que los consulados y embajadas, así como los muchos servidores públicos en las oficinas de gobierno, no representan precisamente a un partido, o al gobierno en el poder.

Platicando con gente como Armando, Mónica, el mismo Cónsul, muchos de ellos tienen años en el servicio consular, han visto desfilar presidentes y partidos en el poder y su trabajo no ha cambiado por ello. Ellos siguen pidiendo ayuda para los mexicanos en el exterior, ellos pelean por conseguir presupuesto para apoyar lo más que se pueda.

México es el único país del mundo que paga el servicio funerario de los mexicanos muertos en el extranjero y regresa los restos a México. Las personas en el consulado apoyan tanto como lo hacen los grupos comunitarios religiosos. Claro, dirán algunos es su obligación. Quizás si, pero eso no tiene que ver con que se reconozca su labor y se les trate bien. Es como si a un profesor de escuela pública no se le tuviera respeto y agradecimiento y a los de escuela privada si, o viceversa.

Más interesante aún resulta que los mexicanos en general, nos molesta el mal gobierno, pero tampoco estamos dispuestos a involucrarnos, a pedir cuentas, a investigar los planes y proyectos que tiene, a seguir de cerca sus avances, a dar propuestas, incluso ni los impuestos queremos pagar!, buscando las oportunidades de evadir al fisco.

Todo lo que hice en estos tres días de viaje, no hubieran sido posibles sin la ayuda de las personas del consulado de Raleigh, especialmente estoy agradecida a Mónica Colín, la cónsul adjunta quien me trató con amabilidad, respeto, cariño. A ella no le importó que la universidad no fuera pública, sólo se enfocó en que estudiar es valioso para los migrantes, dando incluso su tiempo libre para organizar y asistir a reuniones de trabajo.

Regreso a México con esta reflexión: hay que EDUCAR también desde la percepción de nuestros estudiantes, porque es la percepción sobre las cosas la que construye el pensamiento y el pensamiento regirá nuestras actitudes.

Hay que exigirle al gobierno si, pero desde las formas apropiadas.
Hay que demandar, estando primero dispuestos a trabajar por el país.
Hay que dejar de extender la mano con la creencia de que es el gobierno el que tiene la obligación de proporcionarlo todo, sin mayor esfuerzo.
Hay que dejar a echar la culpa de todo al gabinete y empecemos a ser más honestos con nosotros mismos, más responsables de nuestra propia vida y más respetuosos con los demás.

Regreso con la mejor intención de cambiar mis propias actitudes frente a los candidatos, las elecciones y mi propio gobierno.

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